© sinergias creativas, Laurent Bailly
Con temperaturas que superan los 30 °C y sin lluvia, regar se ha convertido en una tarea constante. «Es una carrera contrarreloj: la bomba funciona día y noche», explicó Monia durante la ola de calor. El riego es aún más crucial en esta época del año, ya que no se trata solo de cuidar los cultivos ya plantados: desde junio, también hemos estado plantando hortalizas de almacenamiento, cuyas plántulas no toleran la falta de agua.
Experiencia mediterránea
Monia se formó en regiones donde la escasez de agua es un problema estructural. Ingeniera titulada en Túnez, se especializó en el sur de Italia, donde obtuvo un máster en ciencias del riego en el Centro Internacional de Estudios Agronómicos Avanzados del Mediterráneo (CIHEAM) en Bari, seguido de un doctorado en agronomía. Tras una destacada trayectoria académica con numerosas publicaciones y siete años de experiencia trabajando en una explotación hortícola en Francia, se incorporó a Stoll Frères hace dos años.
Adaptar la ingesta a cada cultura.
Las técnicas de riego varían según el tipo de hortaliza y su etapa de desarrollo. Para cultivos de ciclo largo, como la calabaza y el calabacín, se prefiere el riego por goteo. Este sistema es costoso de instalar. Sin embargo, al regar solo la planta, permite un ahorro significativo de agua y limita los ataques de enfermedades fúngicas.
Para la mayoría de los demás cultivos, el riego por aspersión sigue siendo el método estándar en Suiza. Es más flexible y cubre grandes superficies, pero requiere mucha atención. El momento del riego es crucial: el brócoli y la coliflor, por ejemplo, no toleran el riego a pleno sol una vez que se ha formado la inflorescencia. Por el contrario, las plantas jóvenes se desarrollan mejor cuando se riegan durante el día.
El desafío de las plantas jóvenes
A pesar del calor y la sequía, hubo que sembrar las coles y los puerros, que cubren unas treinta hectáreas. En esta situación, «plantamos un poco cada día para mantener el riego», explica Monia. Durante los primeros días, la tierra debe permanecer constantemente húmeda para que las plantas se establezcan. Esto implica regar con frecuencia (dos o tres veces al día) en pequeñas cantidades. Una vez que el sistema radicular se desarrolla, la estrategia cambia: se espacian los riegos y se aumenta el volumen, lo que obliga a las raíces a crecer más profundamente en busca de agua.
Una organización rigurosa
Gestionar el riego requiere una cuidadosa coordinación con las demás labores agrícolas. Monia elabora cronogramas teniendo en cuenta las cosechas, el deshierbe y los tratamientos. «Por ejemplo, hay que esperar a que la tierra se seque después de desherbar para evitar que ciertas malas hierbas vuelvan a crecer», explica.
Ante el aumento de actividad durante este periodo, Monia reforzó los equipos y reorganizó el trabajo con horarios ajustados para asegurar el riego matutino y vespertino, así como la instalación de las líneas de riego en las nuevas parcelas. Por su parte, los conductores de tractores también adaptaron su ritmo, comenzando la siembra a las 3 de la madrugada.
Ventajas locales y tecnológicas
Nuestra finca goza de una ubicación geográfica privilegiada, ya que está atravesada por el río Thièle, del cual bombeamos el agua necesaria para nuestros campos. Para optimizar su uso, utilizamos sondas tensiométricas que permiten a Monia monitorizar la humedad del suelo parcela por parcela en tiempo real.
Si bien las temperaturas han vuelto a los niveles habituales para la época, el riego continúa con el mismo cuidado, pero a un ritmo más moderado. Gracias al trabajo de las últimas semanas, nuestros cultivos han resistido esta ola de calor, lo que nos permite prever abundantes cosechas de hortalizas para nuestros clientes en las próximas semanas y meses.